En una cultura que glorifica la productividad permanente, detenerse dejó de ser una pausa y se convirtió en una postura. El ritual cotidiano —preparar café sin apuro, aplicar una rutina nocturna deskincare, escribir antes de dormir, tomar un baño largo— ya no es un hábito superficial. Es una respuesta cultural a un sistema que no se detiene. La hiperconectividad [...]